¿Es posible que esa sensación de encontrarse plenamente «vivos» que atrae al montañismo a unas pocas personas sea, en realidad, un camino hacia la trascendencia espiritual y una puerta de acceso a nuevos planos de la consciencia?
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| Pico Bonito, La Ceiba, Honduras 2005 |
Y es que desde que se iniciara la conquista de los Alpes, a finales del siglo XVIII, las sucesivas ascensiones a las cumbres de todos los continentes han ido marcando el avance del hombre hacia las alturas. Detrás de esta bicentenaria sucesión de éxitos y conquistas, pero también de sufrimiento, fracasos y tragedias, se esconde el impulso de una invisible pero poderosa fuerza motriz: el sentimiento de la montaña. Él es el responsable de que las personas sigan exponiéndose a innumerables peligros y arriesgando su vida en los más inhóspitos rincones de la Tierra, para conseguir las cimas. El también permite que la actividad muscular en el medio vertical se sublime posteriormente en forma de majestuosas manifestaciones artísticas y de capacidades: literarias, pictóricas, musicales, fotográficas, administrativas, gerenciales y de liderazgo, etc.
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| Santa Maria, Guatemala 2004 |
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| Atitlan, Guatemala 2005 |



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